Resistencia

Written by Juan Jose on 17/01/2009 – 14:35 -

Hace poco nos abordaba en taquilla uno de los pocos títulos que últimamente parece llamar la atención al público, acrecentado por el bajo nivel fílmico del resto de la oferta. Resistencia (Defiance originalmente) es la película que nos trae Edward Zwick, que debo recordar que es el artífice de, para mí, grandes películas como El Último Samurai o Diamante de Sangre. A sus ordenes se ponía Daniel Craig, un actor que me parece de lo mejorcito últimamente, pudiendolo haber visto enfundado en traje negro en la dupla Casino Royale y Quantum of Solace de James Bond, que aunque la primera sea bastante mejor que la segunda, no dejan de ser una revisión de la saga bastante acertada, y que nos acerca a Bond a un estilo más Bourniano.

En ésta ocasión viajaremos hasta la Alemania Nazi, y más concretamente a un grupo de cuatro hermanos judios, los cuales habitan en Polonia y durante el asedio alemán se ven obligados a esconderse en un bosque donde intentarán oponer resistencia a los nazis, aliándose con los Rusos de la zona y formando un grupo cada vez más numeroso. Es una historia basada en hechos reales, en la cual el director estuvo trabajando la friolera de ocho años. Los hermanos se completan con Liev Schreiber (proximamente se le verá en la piel de Sabertooth en X-Men Origins: Wolverine), Jamie Bell y George MacKay.

Se nos plantea de primeras otra de alemanes o nazis. La primera impresión, como con El Niño con el Pijama de Rayas es la misma. Sin embargo, como en la anteriormente citada, también se nos muestra desde otro prisma distinto. Una historia paralela, algo que no salta a la vista en la idiosincrasia de la historia alemana. En éste caso, una resistencia formada por judios exiliados en un bosque, en el que tienen que sobrevivir con lo que tienen, y se les plantea el dilema moral de si hacer lo correcto, o asaltar a otra gente. De conseguir comida y provisiones de forma ilegal, o ser legales y arriesgarse a morir. De ser personas, o no serlo.

Una película directa, fluida, rápida, que no se entretiene. Sabe a lo que va, y lo ofrece. Profunda en sus diálogos, nos adentra en la barbarie nazi desde el punto de vista de los judíos. Pero sin dejar de lado la acción que aunque no sea abundante, sí es suficiente para rellenar los huecos de una trama densa. Y tanto el decorado, como el paisaje y el atrezzo están cuidadosamente preparados.

Intentaría buscarle algún fallo, pero no comete errores de bulto. No es una obra maestra, pues para eso hacen falta muchísimas cosas. Y tampoco lo pretende ser. Pero merece los 5 euros de la entrada, y merece perder el tiempo sentados delante de ella.

Y eso, tal como está el cine actualmente, es mucho. Muchísimo.

El aragonés Errante

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