Quemar Después de Leer

Written by Juan Jose on 28/11/2008 – 21:48 -

Quemar después de leer hace referencia a esos mensajes cifrados, secretos, los cuales debían desaparecer despues de haber cumplido su cometido. Aquellos “Este mensaje se autodestruirá en…” típicos de tramas de espías y objeto de gags comicos durante años. Es un aviso de lo que nos depara la cinta, sin duda, y los Coen lo saben.

Tras arrasar con No es País para Viejos, y a rebufo de los Oscars, los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven para deleitarnos con una de sus ya típicas comedias de humor negro y algo absurdo, como la mítica El Gran Lebowski (Con El Nota como personaje atrayente) o Fargo.

En éste caso, el personaje atrayente recae en el personaje de Brad Pitt, pero eso es algo que comentaré luego. Como decía, vienen de una superproducción costosa, profunda, lenta, pausada y llena de matices. Eso, parece que les pasó factura, y decidieron rodar algo más distendido, algo hilarante y cómico, con un humor Coeniano muy marcado. Y desde ahí ha de cogerse la película, pues sino se cae en el error de considerar una obra de arte (puesto que es de los Coen y tal y cual) a algo que no lo es. Y eso, si sucede, defrauda.

Osbourne “Ozzy” Cox (John Malkovich) es un agente de inteligencia al que cambian de sección por motivos políticos y que, despechado, decide dimitir y escribir sus memorias. Katie (Swinton) es su mujer, una estirada que desprecia a su marido y ridiculiza sus intenciones autobiográficas mientras se acuesta con Harry Pfarrer (George Clooney). Éste promete que si se divorcia vivirán juntos, pero no es tan fiel como a ella le gustaría. El abogado de Katie Cox investiga las cuentas bancarias de Osbourne para comprobar si es aconsejable pedir el divorcio y la secretaria se deja el CD con estos datos en un gimnasio. Dos de los empleados del gimnasio, Chad (Brad Pitt) y Linda (Frances McDormand), creen que es información valiosa y que pueden pedir un rescate por el CD.

Lo que está claro es que para entender y disfrutar este film, se necesita comulgar con el cine coeniano, con la comedia negra y el humor absurdo sin mayores pretensiones. Partimos de una premisa inexsitente, un bluff, aire, un CD con información supuestamente valiosa (Pero que en realidad no es así), para acabar en un desastre de dimensiones quasibíblicas. Se busca un efecto bola de nieve, rápido, efectivo, y que si no se ha entrado en el guión desde el principio puede marear con esos cambios y giros en la trama, otra marca de la casa de los hermanos.

Las interpretaciones son simplemente perfectas. John Malkovich borda un ex agente de la CIA histriónico, muy en la linea de Jack Nicholson. Frances McDormand borda el papel de mujer entrada en edad, la cual tiene como única preocupación no ser una solterona de arroz pasado, y dispuesta a cualquier cosa por ser lo que no es. George Clooney hace de sí mismo, cosa que sabe hacer perfectamente y que su sola presencia basta y sobra. No se necesita más, y nunca se le ha pedido más. Pero el plato fuerte es Brad Pitt. Pitt es un actor muy infravalorado, pues entró en la industria como quizá lo hiciera Dicaprio en su día: Como el chico guapo, fotogénico, puesto ahí para adornar. Sin embargo, es como el buen vino, y a base de buenos papeles (Como en Doce Monos, en el Club de la Lucha, éste, o el próximo en El curioso caso de Benjamin Button que pinta realmente bien) se está haciendo un indiscutible hueco entre los mejores.

Nos trae a Chad, un memo, un inútil encargado de un gimnasio que con tan sólo bailar de forma hortera con la música de su Ipod ya te arranca y te absorve la atención. Es uno de esos papeles que si el actor es el adecuado, es una simbiosis perfecta, como pudo ser Jack Nicholson en El Resplandor, Heath Ledger como el Joker y muchos otros ejemplos. Sin embargo, su historia está mal cerrada, mal acabada, y creo que eso resta mucho a la cinta.

Por último, destacar que, sin lugar a dudas, quitando las escenas de Pitt, los mejores momentos se los llevan los momentos en los que la CIA entra en acción. J.K. Simmons representa a un jefecillo de la inteligencia el cual ha de ser informado, y son ésos dialogos cinismo puro, crítica sibilina y humor negro del bueno. Son simplemente lecciones magistrales de caricaturizar algo sin que realmente parezca que lo estás haciendo.

En resumen, una cinta que no es ni mucho menos lo mejor de estos dos polifacéticos directores. Sin embargo, tomada sin más pretensión que ver algo distendido, absurdo y divertido, cumple con creces sin recurrir al humor americano de universidades, o al humor simplón oriental.

Una cinta que pretende hacer reir, pero sin tratar al público como un estúpido observador el cual ha de recibir todo masticado y triturado para no atragantarse. Y eso, a mí personalmente, me encanta.

El aragonés Errante

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