Watchmen
Written by Juan Jose on Marzo 25, 2009Hoy, un comediante ha muerto en Nueva York, firmaba Rorschach, el último de los Vigilantes en activo sin contar al Dr. Manhattan, a cargo del gobierno. Y sobre ésta afirmación girará Watchmen, la tercera obra del visionario director de 300 Zack Snyder. Cuando en tu filmografía, escueta, podemos encontrar dos títulos tan distintos como El Amanecer de los Muertos y 300, un éxito en taquilla apabullante y un respaldo de la crítica casi unánime, es el momento de dar el paso. Dar el gran golpe. Te has presentado, ahora tienes que asentarte. Coger el sillón, bordarle tu nombre en letras de color escarlata, y sentarte con aires de superioridad, esperando que la ingente masa de seguidores se postre ante tí. Y eso es Watchmen. El intento de Snyder por grabar su nobmre a fuego en la historia.
Con las manos de Timur Bekmambetov (con las uñas suavemente perfiladas) y dandole un cuerpo de aristas y formas Tarantinianas con ideas de un cerebro con una clara tendencia a Terry Gilliam se pone al frente del proyecto imposible. La novela gráfica más laureada de todos los tiempos del genuino escritor Alan Moore era un proyecto imposible. Durante décadas se buscó al elegido para llevar la adaptación al cine a buen puerto, pero los intentos fueron fallidos. Falta de tecnología, falta de guión, falta de profundidad. Hasta que llegó Snyder y dió un golpe en la mesa. Ésta es mía.
Sin embargo, éste mismo hecho supone su alpha y su omega. Su principio y su fin. ¿Adaptación extremadamente fiel para que los fans no se te echen encima? ¿O adaptación adecuada a la gran pantalla, con guión revisado, recortado y perfeccionado para el celuloide? Snyder optó por la primera. Y eso supone un prisma que mucha gente no entenderá por la sencilla razón de que la obra original es tan intrincada, tan llena de matices, tan revirada y tan perfecta, que adaptarla tal cual produce dos efectos: La imposibilidad intrínseca de hacerlo, lo que conlleva al contento y crítica aceptable de los fans, y la apabullante desaprobación de los profanos que verán en la película una larga consecución de minutos llenos de cosas inconexas aparentemente.
También tiene relevancia la dimensión titánica del marketing que se ha llevado a cabo con la película, y que hizo crear unas expectativas tan altas (o más) que con The Dark Knight. Y eso, para la gente que se deja impresionar facilmente, es un problema. Porque cuando tienes unas expectativas tan sumamente altas, sueles darte la hostia padre. Si no sabes manejarlas, claro.
Pero hablando de la película propiamente dicha, se trata de una obra de arte de una plasticidad visual envidiable. Todo un alarde audiovisual de proporciones gigantescas, unos fuegos artificiales que, sin embargo, no renuncian a la profundidad de sus personajes. Una profundidad superficial, sí, pero suficiente para situarnos en una sociedad corrompida por la Guerra Fría y la sombra de una guerra nuclear. Unos superhéroes que, sin tener superpoderes, fueron en su día adalides de los valores rectos y la defensa del prójimo y que ahora se han visto relegados a un segundo plano, casi un tercero. Odiados y temidos a partes iguales. Y prohibidos por el gobierno. Todo aderezado con una especie de caza de brujas que comienza con el asesinato del Comediante.
Zack Snyder nos traslada la atmósfera del comic (porque es imposible hacer una crítica de Watchmen sin una referencia explícita a la obra original, no así al pene azulado del semidios Dr. Manhattan… ¡Uy! La hice… Perdón.) e incluso de lagunas de las escenas, pero no le quita intensidad ni buen hacer. Y la única variación que incluye en el guión es, sin duda, para bien. La trama gana en consiestencia y coherencia y se vuelve todavía más concluyente. Nada sobra y nada falta. Algo de profundidad, quizá. Pero entonces estaríamos hablando de una miniserie, de una trilogía, o de una película de tropecientas horas. Y esa no era la intención.

En el apartado actoral poco se puede decir. Destacar la labor de Jackie Earle Harley en el papel del carismático Rorschach y pasar por alto todas las demás, correctas y poco más. En el apartado sonoro, la cosa cambia, y mucho. La banda sonora es simplemente sublime, donde Zack Snyder hace una selección del rock y folk americano que se adecua perfectamente al tono patriótico (o antipatriótico) de la obra, con temas tan variopintos como algunos de Bob Dylan, Simon y Garfunkel, Jimmy Hendrix o The Smashing Pumpkins. Si he de criticar algo, criticaré la escena de sexo a ritmo de Leonard Cohen y su Hallelujah, que en vez de erotizar solo nos anima a la comicidad de la meta conseguida. Los efectos especiales están a la altura de lo que nos tiene acostumbrados (sino, 300 es un ejemplo claro) dando esa atmósfera cargada y oscura que impera sobre la película.
En resumen, una película increíble, de entretenimiento puro y duro pero que nunca renuncia a sus raices, ni a una profundidad en los personajes que la aleja del cine palomitero de otras obras de superhéroes. ¿El giro definitivo del cine de superhombres? No lo sabemos… pero sí que supone un paso más. Una zancada, más bien.
El Aragonés Errante
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